Es la primera noche en tu nuevo apartamento. Tus pertenencias aun están las cajas. Tus muebles aun no han llegado. Aun no hay servicios básicos(luz, agua, teléfono, gas, internet) hasta el siguiente día. Lo único que tienes por la noche son linternas y velas que solo te servirán hasta que duermas. A pesar de esta sensación rara de miedo, estando en un cuarto oscuro, solo en un apartamento… te aguantas nervioso e intentas dormir un poco.
BOOM! Un sonido te despierta. Te quedas quieto por un segundo. Intentas descifrar si fue real o producto de tu imaginación. Cuando vuelves a escuchar el sonido, te fijas la hora en tu celular. Las dos de la mañana. Te levantas, utilizando tu celular como luz y caminas hacia la cocina que es de donde aparentemente vienen los sonidos. Al principio, piensas que alguien te ha entrado a robar. Después, te quedas mudo cuando ves una figura. Es un hombre de edad media. Tiene puesto un pijamas a rallas y esta parado al frente de lo que parece ser un microondas con su espalda hacia ti. Aunque parece solido y real, puedes ver mas allá de su cuerpo. Estas paralizado; mas que nada por el miedo, pero también por intriga.
Respiras hondo, te armas de coraje y le dices temblando, ‘Hola.’ El hombre se gira lentamente, como mirando hacia tu dirección. Tus ojos se agrandan cuando ves que el hombre no tiene mandíbula, dejando su lengua libre. Tu visión se vuelve borrosa y la aparición desaparece.
Un sonido te despierta. Es tu celular, vibrando contra el suelo. Es de mañana. La luz esta entrando por la ventana. Recibes tus pertenencias y la llamada perdida es de tu madre. Estas confundido y asustado por lo que ocurrio anoche. Fue una pesadilla o realmente fue un fantasma?
martes 24 de enero de 2012
miércoles 18 de enero de 2012
El casino del terror
En lo alto de un cerro de la ciudad de Hermosillo, se pueden ver las ruinas de lo que fuera un gran casino, el mejor lugar para bailar y festejar desde un cumpleaños hasta la alegría de la vida.
Durante el día, el sol del desierto hace que las ruinas se vean tristes, como un lugar donde no vive nadie. Pero con la noche, las paredes cobran vida, tanto que si alguien se acercara, podría escuchar voces, música y ruidos de gran baile. Aunque en realidad nadie se atrevería.
¡Abre bien los ojos!, ahora sabrás el porqué...
Antes de que el casino se volviera ruinas, era el sitio preferido de los jóvenes, pues allí se hacían bailes donde los muchachos podían encontrar a la mujer de sus sueños y las muchachas conseguir un buen morro.
Un 31 de diciembre se iba a dar un gran baile de fin de año, así que todas las muchachas no hallaban la hora para tener el vestido para la fiesta.
Entre todas las jóvenes había una bella muchacha llamada Linda, tenía 16 años y bien podría presumir que hacía honor a su nombre. Pues bien, el día del baile, Linda arregló lo que se iba a poner y se tardó horas frente al espejo peinándose. Cuando ya estaba lista, fue a avisarle a su mamá, quien estaba en cama, enferma de unos dolores.
—Mamá —le dijo— me voy al baile.
—¡No mi hijita! ¿Cuándo me pediste permiso?
—Pero mamá...
—¡Nada! No te dejo ir porque me siento muy mal de verdad. Además hoy es noche de Año Nuevo y tienes que pasarla con tu familia.
Pero en ese momento pudo más la fiesta que los regaños de la mamá, así que Linda se salió a escondidas:
—¡ Al fin que no necesito de su consentimiento para divertirme! —se dijo.
Cuando la muchacha llegó al casino, todos voltearon a verla, era la joven más hermosa de la noche. Le llovieron proposiciones para bailar, pero Linda no aceptó.
Entre los asistentes se encontraba un guapo muchacho, de cabello muy negro y ojos enormes, vestido elegantemente. Nadie lo conocía, así que todos se preguntaban quién sería ese yori.
Mucha fue la sorpresa de Linda, cuando el guapo desconocido se le plantó enfrente invitándola a bailar. La muchacha quedó como hechizada, se dejó llevar hasta el centro de la pista, ahí bailaron y bailaron en medio de las miradas de los demás.
Linda empezó a sentir mucho calor y de pronto mucho ardor en la espalda, sentía que algo la quemaba, temerosa volteó a ver qué era y se encontró el brazo y la mano del yori marcados en su vestido, como cuando marcan a los becerros. Su vestido estaba quemado y el aire olía a azufre. Volteó hacia abajo y vio con horror que el guapo muchacho, en vez de pies, tenía una pata de gallo y otra de caballo. Linda se desmayó, no supo más de sí.
Por todos lados empezó a surgir fuego, y los jóvenes asistentes tuvieron que escapar del lugar como pudieron. El casino ardió hasta que sólo quedaron las paredes que hoy en día todavía se observan.
Del guapo extraño no se volvió a saber y de Linda, unos dicen que murió, otros que anda perdida por algún lugar, pero la mayoría asegura que está con el diablo.
Durante el día, el sol del desierto hace que las ruinas se vean tristes, como un lugar donde no vive nadie. Pero con la noche, las paredes cobran vida, tanto que si alguien se acercara, podría escuchar voces, música y ruidos de gran baile. Aunque en realidad nadie se atrevería.
¡Abre bien los ojos!, ahora sabrás el porqué...
Antes de que el casino se volviera ruinas, era el sitio preferido de los jóvenes, pues allí se hacían bailes donde los muchachos podían encontrar a la mujer de sus sueños y las muchachas conseguir un buen morro.
Un 31 de diciembre se iba a dar un gran baile de fin de año, así que todas las muchachas no hallaban la hora para tener el vestido para la fiesta.
Entre todas las jóvenes había una bella muchacha llamada Linda, tenía 16 años y bien podría presumir que hacía honor a su nombre. Pues bien, el día del baile, Linda arregló lo que se iba a poner y se tardó horas frente al espejo peinándose. Cuando ya estaba lista, fue a avisarle a su mamá, quien estaba en cama, enferma de unos dolores.
—Mamá —le dijo— me voy al baile.
—¡No mi hijita! ¿Cuándo me pediste permiso?
—Pero mamá...
—¡Nada! No te dejo ir porque me siento muy mal de verdad. Además hoy es noche de Año Nuevo y tienes que pasarla con tu familia.
Pero en ese momento pudo más la fiesta que los regaños de la mamá, así que Linda se salió a escondidas:
—¡ Al fin que no necesito de su consentimiento para divertirme! —se dijo.
Cuando la muchacha llegó al casino, todos voltearon a verla, era la joven más hermosa de la noche. Le llovieron proposiciones para bailar, pero Linda no aceptó.
Entre los asistentes se encontraba un guapo muchacho, de cabello muy negro y ojos enormes, vestido elegantemente. Nadie lo conocía, así que todos se preguntaban quién sería ese yori.
Mucha fue la sorpresa de Linda, cuando el guapo desconocido se le plantó enfrente invitándola a bailar. La muchacha quedó como hechizada, se dejó llevar hasta el centro de la pista, ahí bailaron y bailaron en medio de las miradas de los demás.
Linda empezó a sentir mucho calor y de pronto mucho ardor en la espalda, sentía que algo la quemaba, temerosa volteó a ver qué era y se encontró el brazo y la mano del yori marcados en su vestido, como cuando marcan a los becerros. Su vestido estaba quemado y el aire olía a azufre. Volteó hacia abajo y vio con horror que el guapo muchacho, en vez de pies, tenía una pata de gallo y otra de caballo. Linda se desmayó, no supo más de sí.
Por todos lados empezó a surgir fuego, y los jóvenes asistentes tuvieron que escapar del lugar como pudieron. El casino ardió hasta que sólo quedaron las paredes que hoy en día todavía se observan.
Del guapo extraño no se volvió a saber y de Linda, unos dicen que murió, otros que anda perdida por algún lugar, pero la mayoría asegura que está con el diablo.
martes 10 de enero de 2012
Descubrimiento inesperado
El agua corría calle abajo, saltando por las aceras y jardines. La corriente ya había volcado a varios coches que se hallaban aparcados a ambos lados de la calle.
“¿Qué ha pasado?” -gritaba la gente desde las ventanas.
Había llovido intensamente, pero no como para provocar esa inundación. Otras veces había llovido más y el agua desaparecía por las alcantarillas. El sistema de desagüe era maravilloso en la ciudad. A pesar de eso, el agua y el barro había entrado en algunas casas. No hubo que lamentar casos de muerte, pero varias personas habían sido llevadas al hospital. El aluvión les cogió en la calle y sufrieron heridas graves.
Poco a poco fue bajando la riada y enseguida llegaron dos coches de bomberos y dos camiones del municipio. Los bomberos empezaron a echar agua a presión en las aceras y en la calle para limpiarlas de barro. Los obreros del ayuntamiento se dedicaron a recoger la basura con mangueras aspiradoras. Algunos coches tuvieron que ser levantados con una grúa. Los daños eran tremendos.
“¿Qué ha pasado” -seguían preguntando los vecinos-. “¿De dónde ha venido tanta agua?”
Algunos agentes de la policía trataban de mantener apartada a la gente para que los obreros pudieran realizar su trabajo sin muchos impedimentos.
“Ha reventado el depósito de agua. Eso ha sido todo”.
El depósito había sido construido en una colina de quince metros de altura al término de la calle. Lo llenaron de agua, pero se conoce que el hormigón aún no estaba bien seco y reventó.
Unos coches que habían sido volcados se lo llevaron en un camión-remolque y lo dejaron en en patio que el ayuntamiento tenía para tales casos. Algunos de aquellos vehículos estaban completamente destrozados. Un par de ellos se podrían reparar. Entre estos últimos se encontraba el Peugeot de Adriano.
“Nunca te he visto viajar en autobús” -dijo Herminio, vecino de Adriano-. “¿Qué pasó con tu coche?”
“El coche lo volcó el aluvión y se lo llevaron los obreros del municipio. Voy a ver si puedo traérmelo”.
“Yo voy a ver si encuentro tablas para arreglar el vallado del jardín” -dijo Herminio-. “La empalizada quedó completamente destrozada. Quizá encuentre algo que me sirva en el almacén de reciclaje”.
“Pues, te deseo suerte”.
“Igual te digo”.
Pero, a pesar de los deseos de ambos, ni Adriano pudo recuperar el coche porque tenía que esperar que diera el alta el ingeniero del ayuntamiento y la policía. Herminio tampoco encontró las tablas que necesitaba.
Cinco días más tarde todos los vecinos damnificados recibieron una circular del ayuntamiento para una reunión en la sala de un hotel cercano. El día convenido los vecinos fueron recibidos por el alcalde y dos concejales, además del comisario de la policía local. Primeramente fueron obsequiados con una bebida a elegir. La mayoría tomó café con tarta. Otros preferieron un refresco o una cerveza. Herminio le tocó sentarse a la derecha de una guapa chica de cabellos rojos.
“Permítame que me presente” -dijo la chica-, me llamo Helga y soy alemana de nacimiento, pero vivo en España desde la edad de ocho años. Mi padre fue ingeniero de la fábrica Philips de Bercelona, pero él y mi madre volvieron a Alemania cuando yo estaba estudiando en la Universidad y por eso me quedé aquí”.
“¡Mucho gusto! Yo me llamo Herminio y trabajo de carpintero particular. No sabía que en mi calle había una chica tan guapa”.
Helga se ruborizó.
“¡Muchas gracias!” -agradeció la chica, con una sonrisa.
De pronto el alcalde se puso en pie, levantó una copa y repiqueteó en ella con una cucharilla para llamar la atención.
“Me alegra ver que habéis venido todos los vecinos de la calle damnificada, pero al mismo tiempo, siento mucho lo ocurrido...”
El alcalde siguió hablando durante más tiempo del necesario para informar a todos de lo que el ayntamiento se disponía hacer para arreglar la calle y edificar una nueva torre para depósito de agua, pero esta vez se tendría en cuenta la catástrofe y no se darían tanta prisa en llenarlo de agua.
“Ahora tenemos que darles una mala noticia. El señor comisario tiene la palabra”.
“El señor alcalde ya lo ha dicho; tenemos una mala noticia”.
El comisario hizo una seña y entraron dos agentes de la policía local. Éstos se acercaron a la silla donde se sentaba el vecino Adriano.
“Tenemos que detener al señor Adriano Muñoz por haberse encontrado en su coche material ilegal y drogas. Señor Muñoz; haga el favor de acompañar a los agentes que están a su espalda”.
Un murmullo general llenó la sala.
“¡Yo no he hecho nada!” -gritó Adriano- “¡Soy un vecino damnificado y aún se me detiene como a un criminal!”
“Usted lo ha dicho” -contestó el comisario-: “como a un criminal. Haga el favor de no armar un escándalo mayor y vaya con los agentes sin alborotar”.
Cuando la calma volvió a reinar en el local los vecinos siguieron haciendo preguntas y a hablar entre ellos. Al otro lado de Herminio estaba sentado un señor que se presentó de esta forma:
“He oído hablar entre usted y la señorita Helga. Mi nombre es Günther Kohl. Yo también soy alemán. Quisiera hablar con vosotros cuando terminemos esta reunión”.
“No sé si la señorita Helga aceptará. Yo la he conocido hoy, pues ella vive casi al final de la calle y yo vivo mucho más para arriba”.
“¡Ah! Eso no importa. Yo vivo casi al principio de la calle y no conocía a ninguno de los dos. Por eso yo quiero empezar conocimiento con ella y con usted. Y, perdone mi español, que no es perfecto, que digamos”.
“Tú ¿que dices?” -preguntó Herminio a Helga- “¿Has escuchado lo que dijo tu paisano?”
“Sí, estoy conforme, pero primero quiero decirte que quiero hablar contigo a solas” -contestó Helga”.
Cuando salieron a la calle dijeron a Günther que se reuniera con ellos en el café ‘Pinocho’ dentro de media hora. Primero tenían que hablar de un asunto privado.
Helga y Herminio fueron andando, pues el café elegido estaba cerca. Por el camino Helga cogió a Herminio del brazo. Él notó en la parte superior de su brazo el agradable contacto del pecho derecho de Helga y no pudo remediar una erección.
“Herminio” -dijo Helga cuando ya estaban sentado en un rincón del café ‘Pinocho’-: Tengo en mi jardín muchos tableros que quitaron y me estorban. Los quitaron hace más de seis meses para ponerme otra valla nueva y no vinieron a llevarse las tablas viejas. ¿Quieres hacerme el favor de alquilar una furgoneta o algo por el estilo y llevar esa madera al depósito del ayuntamiento. Yo ya llamé y me dijeron que tenía que llevarlo yo misma, ellos no vienen a recogerlo”.
“¡Qué casualidad!” -exclamó Herminio- “Yo estoy buscando algo parecido para arreglar el vallado de mi jardín que el aluvión me destrozó por completo. Esta misma tarde voy a por esas maderas. Espero que me sirvan”.
“Yo creo que te servirán, porque muy estropeadas no están. Me das una gran alegría” -al decir ésto Helga acercó la cara a Herminio y le dio un beso en la boca. La erección de Herminio se incrementó de tal forma que éste creyó que iba a tener una eyaculación.
De pronto apareció en escena Günther.
“Bueno” -dijo cuando estuvo junto a ellos-, “ahora quiero presentarme como vecino y como amigo...”
Günther hablaba por los codos. De pronto, Hermino se levantó diciendo:
“Voy a alquilar un vehículo para transportar la madera. Dentro de media hora estaré en tu casa Helga, ¿de acuerdo?”
“Bueno” -dijo ella, y le alargó un papelito-, “aquí tienes el número de mi casa. Allí te espero”.
Cuando Herminio llegó a casa de Helga encontró al ‘amigo’ Günther hablando con ella. Herminio cargó las tablas en un remolque y, antes de marcharse dio un beso a Helga, diciéndole-:
“Cuando deje estas tablas en mi jardín vendré a verte, ¿vale?”
“¡De acuerdo, cariño!”
Herminio tardó tres cuartos de hora en llevar las tablas a su casa y descargarla. Después se duchó, se afeitó, llevó el remolque de vuelta y después fue a casa de Helga.
“¡Hola!” -dijo a Helga cuando le abrió la puerta- “¡Perdona! Hoy no puedo recibirte”.
“¿Por qué?” -preguntó Herminio con extrañeza- “¿No habíamos quedado...?”
“¡Lo siento! Hoy no puede ser”.
Herminio no pudo entrar, pero vio a Günther recostado en el sofá de Helga. Tenía medio cuerpo descubierto. Herminio se marchó para no volver jamás.
Al día siguiente, cuando Herminio se dedicaba a quitar las tablas rotas del jardín hizo un descubrimiento inesperado. Al retirar la tablas de su cobertizo vio que en el roto cobertizo del vecino había un par de armas automáticas y varios cajones con paquetes de cocaína. Se acordó que a Adriano se lo habían llevado detenido y aún no sabía el por qué, pero empezó a sospechar.
“¿Qué hacer?” -Herminio no sabía si ir a la mujer del vecino y decirle lo que cuasualmente había descubierto o, por el contario, llamar a la policía. ¡Vaya problema! Era su vecino, pero se dedicaba a negocios ilegales, criminales.
Al fin se decidió por decírselo a a la vecina y que ella hiciera lo que creyera conveniente.
“Mi marido ha hecho algo que es muy malo” -le dijo la vecina-. “Yo no sabía nada. Pero ahora quiero que lo juzguen y lo condenen para que así escarmiente. Y, gracias por venir a mí y contarme lo que ha encontrado. Estoy completamente deshecha”.
La policía vino a recoger el material que había en el cobertizo del vecino.
“Muchas gracias por avisarnos. Lo que hemos encontrado en el cobertizo podría haber causar muchas enfermedades y muertes. Lo sentimos mucho, pero su marido estaba metido en una organización muy peligrosa que traficaba con armas y drogas” -dijo el policía y se despidió de la señora dándole la mano.
“¿Qué ha pasado?” -gritaba la gente desde las ventanas.
Había llovido intensamente, pero no como para provocar esa inundación. Otras veces había llovido más y el agua desaparecía por las alcantarillas. El sistema de desagüe era maravilloso en la ciudad. A pesar de eso, el agua y el barro había entrado en algunas casas. No hubo que lamentar casos de muerte, pero varias personas habían sido llevadas al hospital. El aluvión les cogió en la calle y sufrieron heridas graves.
Poco a poco fue bajando la riada y enseguida llegaron dos coches de bomberos y dos camiones del municipio. Los bomberos empezaron a echar agua a presión en las aceras y en la calle para limpiarlas de barro. Los obreros del ayuntamiento se dedicaron a recoger la basura con mangueras aspiradoras. Algunos coches tuvieron que ser levantados con una grúa. Los daños eran tremendos.
“¿Qué ha pasado” -seguían preguntando los vecinos-. “¿De dónde ha venido tanta agua?”
Algunos agentes de la policía trataban de mantener apartada a la gente para que los obreros pudieran realizar su trabajo sin muchos impedimentos.
“Ha reventado el depósito de agua. Eso ha sido todo”.
El depósito había sido construido en una colina de quince metros de altura al término de la calle. Lo llenaron de agua, pero se conoce que el hormigón aún no estaba bien seco y reventó.
Unos coches que habían sido volcados se lo llevaron en un camión-remolque y lo dejaron en en patio que el ayuntamiento tenía para tales casos. Algunos de aquellos vehículos estaban completamente destrozados. Un par de ellos se podrían reparar. Entre estos últimos se encontraba el Peugeot de Adriano.
“Nunca te he visto viajar en autobús” -dijo Herminio, vecino de Adriano-. “¿Qué pasó con tu coche?”
“El coche lo volcó el aluvión y se lo llevaron los obreros del municipio. Voy a ver si puedo traérmelo”.
“Yo voy a ver si encuentro tablas para arreglar el vallado del jardín” -dijo Herminio-. “La empalizada quedó completamente destrozada. Quizá encuentre algo que me sirva en el almacén de reciclaje”.
“Pues, te deseo suerte”.
“Igual te digo”.
Pero, a pesar de los deseos de ambos, ni Adriano pudo recuperar el coche porque tenía que esperar que diera el alta el ingeniero del ayuntamiento y la policía. Herminio tampoco encontró las tablas que necesitaba.
Cinco días más tarde todos los vecinos damnificados recibieron una circular del ayuntamiento para una reunión en la sala de un hotel cercano. El día convenido los vecinos fueron recibidos por el alcalde y dos concejales, además del comisario de la policía local. Primeramente fueron obsequiados con una bebida a elegir. La mayoría tomó café con tarta. Otros preferieron un refresco o una cerveza. Herminio le tocó sentarse a la derecha de una guapa chica de cabellos rojos.
“Permítame que me presente” -dijo la chica-, me llamo Helga y soy alemana de nacimiento, pero vivo en España desde la edad de ocho años. Mi padre fue ingeniero de la fábrica Philips de Bercelona, pero él y mi madre volvieron a Alemania cuando yo estaba estudiando en la Universidad y por eso me quedé aquí”.
“¡Mucho gusto! Yo me llamo Herminio y trabajo de carpintero particular. No sabía que en mi calle había una chica tan guapa”.
Helga se ruborizó.
“¡Muchas gracias!” -agradeció la chica, con una sonrisa.
De pronto el alcalde se puso en pie, levantó una copa y repiqueteó en ella con una cucharilla para llamar la atención.
“Me alegra ver que habéis venido todos los vecinos de la calle damnificada, pero al mismo tiempo, siento mucho lo ocurrido...”
El alcalde siguió hablando durante más tiempo del necesario para informar a todos de lo que el ayntamiento se disponía hacer para arreglar la calle y edificar una nueva torre para depósito de agua, pero esta vez se tendría en cuenta la catástrofe y no se darían tanta prisa en llenarlo de agua.
“Ahora tenemos que darles una mala noticia. El señor comisario tiene la palabra”.
“El señor alcalde ya lo ha dicho; tenemos una mala noticia”.
El comisario hizo una seña y entraron dos agentes de la policía local. Éstos se acercaron a la silla donde se sentaba el vecino Adriano.
“Tenemos que detener al señor Adriano Muñoz por haberse encontrado en su coche material ilegal y drogas. Señor Muñoz; haga el favor de acompañar a los agentes que están a su espalda”.
Un murmullo general llenó la sala.
“¡Yo no he hecho nada!” -gritó Adriano- “¡Soy un vecino damnificado y aún se me detiene como a un criminal!”
“Usted lo ha dicho” -contestó el comisario-: “como a un criminal. Haga el favor de no armar un escándalo mayor y vaya con los agentes sin alborotar”.
Cuando la calma volvió a reinar en el local los vecinos siguieron haciendo preguntas y a hablar entre ellos. Al otro lado de Herminio estaba sentado un señor que se presentó de esta forma:
“He oído hablar entre usted y la señorita Helga. Mi nombre es Günther Kohl. Yo también soy alemán. Quisiera hablar con vosotros cuando terminemos esta reunión”.
“No sé si la señorita Helga aceptará. Yo la he conocido hoy, pues ella vive casi al final de la calle y yo vivo mucho más para arriba”.
“¡Ah! Eso no importa. Yo vivo casi al principio de la calle y no conocía a ninguno de los dos. Por eso yo quiero empezar conocimiento con ella y con usted. Y, perdone mi español, que no es perfecto, que digamos”.
“Tú ¿que dices?” -preguntó Herminio a Helga- “¿Has escuchado lo que dijo tu paisano?”
“Sí, estoy conforme, pero primero quiero decirte que quiero hablar contigo a solas” -contestó Helga”.
Cuando salieron a la calle dijeron a Günther que se reuniera con ellos en el café ‘Pinocho’ dentro de media hora. Primero tenían que hablar de un asunto privado.
Helga y Herminio fueron andando, pues el café elegido estaba cerca. Por el camino Helga cogió a Herminio del brazo. Él notó en la parte superior de su brazo el agradable contacto del pecho derecho de Helga y no pudo remediar una erección.
“Herminio” -dijo Helga cuando ya estaban sentado en un rincón del café ‘Pinocho’-: Tengo en mi jardín muchos tableros que quitaron y me estorban. Los quitaron hace más de seis meses para ponerme otra valla nueva y no vinieron a llevarse las tablas viejas. ¿Quieres hacerme el favor de alquilar una furgoneta o algo por el estilo y llevar esa madera al depósito del ayuntamiento. Yo ya llamé y me dijeron que tenía que llevarlo yo misma, ellos no vienen a recogerlo”.
“¡Qué casualidad!” -exclamó Herminio- “Yo estoy buscando algo parecido para arreglar el vallado de mi jardín que el aluvión me destrozó por completo. Esta misma tarde voy a por esas maderas. Espero que me sirvan”.
“Yo creo que te servirán, porque muy estropeadas no están. Me das una gran alegría” -al decir ésto Helga acercó la cara a Herminio y le dio un beso en la boca. La erección de Herminio se incrementó de tal forma que éste creyó que iba a tener una eyaculación.
De pronto apareció en escena Günther.
“Bueno” -dijo cuando estuvo junto a ellos-, “ahora quiero presentarme como vecino y como amigo...”
Günther hablaba por los codos. De pronto, Hermino se levantó diciendo:
“Voy a alquilar un vehículo para transportar la madera. Dentro de media hora estaré en tu casa Helga, ¿de acuerdo?”
“Bueno” -dijo ella, y le alargó un papelito-, “aquí tienes el número de mi casa. Allí te espero”.
Cuando Herminio llegó a casa de Helga encontró al ‘amigo’ Günther hablando con ella. Herminio cargó las tablas en un remolque y, antes de marcharse dio un beso a Helga, diciéndole-:
“Cuando deje estas tablas en mi jardín vendré a verte, ¿vale?”
“¡De acuerdo, cariño!”
Herminio tardó tres cuartos de hora en llevar las tablas a su casa y descargarla. Después se duchó, se afeitó, llevó el remolque de vuelta y después fue a casa de Helga.
“¡Hola!” -dijo a Helga cuando le abrió la puerta- “¡Perdona! Hoy no puedo recibirte”.
“¿Por qué?” -preguntó Herminio con extrañeza- “¿No habíamos quedado...?”
“¡Lo siento! Hoy no puede ser”.
Herminio no pudo entrar, pero vio a Günther recostado en el sofá de Helga. Tenía medio cuerpo descubierto. Herminio se marchó para no volver jamás.
Al día siguiente, cuando Herminio se dedicaba a quitar las tablas rotas del jardín hizo un descubrimiento inesperado. Al retirar la tablas de su cobertizo vio que en el roto cobertizo del vecino había un par de armas automáticas y varios cajones con paquetes de cocaína. Se acordó que a Adriano se lo habían llevado detenido y aún no sabía el por qué, pero empezó a sospechar.
“¿Qué hacer?” -Herminio no sabía si ir a la mujer del vecino y decirle lo que cuasualmente había descubierto o, por el contario, llamar a la policía. ¡Vaya problema! Era su vecino, pero se dedicaba a negocios ilegales, criminales.
Al fin se decidió por decírselo a a la vecina y que ella hiciera lo que creyera conveniente.
“Mi marido ha hecho algo que es muy malo” -le dijo la vecina-. “Yo no sabía nada. Pero ahora quiero que lo juzguen y lo condenen para que así escarmiente. Y, gracias por venir a mí y contarme lo que ha encontrado. Estoy completamente deshecha”.
La policía vino a recoger el material que había en el cobertizo del vecino.
“Muchas gracias por avisarnos. Lo que hemos encontrado en el cobertizo podría haber causar muchas enfermedades y muertes. Lo sentimos mucho, pero su marido estaba metido en una organización muy peligrosa que traficaba con armas y drogas” -dijo el policía y se despidió de la señora dándole la mano.
jueves 22 de diciembre de 2011
Su voz
Antes que nada permiteme aclararte que no tengo nada contra ti, que sólo sigo con "su juego". No pudo revelar su nombre aún, espera a que se acerque.
No, de nada sirve pensar que te estoy mintiendo o que cierres nuestra conversación, ya ha iniciado. Tú sólo sigue escuchándome y te contaré una anécdota. Solía dar clases en una universidad (no diré cual) y estaba en mi última noche libre. Pero esa noche era especial, no a diario puedes Conseguir tanto por tan poco y mucho menos de alguien que es tan desagradable, o eso creía. Lo conocí en un bar, su nombre era (lo puedo decir, está más cerca ahora) Demian. En fin, era un tipo con traje refinado, aunque con un desgarre en el pecho. Sombrero de copa y un bastón, apropiado en aquel entonces, pero no en un bar. Yo iba aún con mi ropa de esa tarde y me veía algo sucio, por lo cual se me hizo extraño que me hablara como sí se dirijiera hacia alguien importante. Por cierto, no respires tan fuerte, te puede oír. Por favor sigue mis consejos. Me pidió un poco de atención. No debí acceder tan rápido, pero el alcohol me tenía en sus garras y espero que no sepas lo que siente alguien en duelo, pero yo lo estaba y nada me importaba. En fin, accedi casi sin darme cuenta. No era un mal hombre, simplemente quería proponerme un trato. Su voz era algo masculina y grave. Recuerdo sus palabras con certeza. Espero que puedas imaginarte lo siguiente con facilidad, te servirá más adelante:
hola, buenas noches. he oído hablar de tí, eres un hombre afortunado ¿sabes? No todos pueden tener a tantos discípulos bajo su poder. Me gustaría poder ser como tú, pero ya vez. Yo no me he casado, pero supongo que dolió demasiado. La querías mucho, de eso estoy seguro pero...
el hombre sacó de su traje una pequeña libreta y la leyó por un momento como buscando algo. Hasta entonces no me importaba el hecho de que no lo conociera, sólo quería sacar de mi cabeza esa escena llena de dolor. No podía dejar de imaginarmela, tan frágil y débil, no pensó que ese viaje en auto sería el último. También sin darme cuenta el lugar se quedaba sólo. Creo que la lluvia tenía ya un buen tiempo cayendo y hacia frío, apenas sí veía con la pequeña bombilla de esa esquina cercana a la barra. Era un lugar rústico pero acogedor.
te propongo un trato. Me parece que no te caería mal un juego, se llama la ouija, seguro has oído hablar de ella
En las últimas vacaciones de diciembre, un alumno mío uso una para "contactar" a su hermano que falleció el día de su cumpleaños. En lo personal creía que eran estupideces, pero todos cambiamos de opinión ¿no?
te dejaré hablar una última vez con ella, pero a cambio, tú tienes que darme algo... O alguien
estuve a punto de gritarle algún insulto y dejar a ese hombre, el alcohol perdía su efecto. Pero cuando me estaba levantando el dijo en tono burlón Frida tiene algo que decirte (ese era el pseudónimo de Catherine, mi esposa. Era una escritora además de profesora, de las mejores de la universidad) cuando dijo eso me detuve en seco. Ya no había nadie en el lugar y sólo se oía la lluvia, muy fuerte. Y ya no había más luz, sólo nos iluminaba parcialmente la luz de la luna. Estaba lleno de sudor, pero por algún motivo no huí. El lugar estaba cada vez más frío y con un ambiente espectral y azul. Recuerdo muchas más sombras que objetos, algunas parecían humanas. Me senté y lo seguí escuchando con dificultad; la lluvia no pasaba y era más fuerte cada minuto.
para alguien tan culto debes saber que una vez dentro no hay salida, pero puedo darte una oportunidad. Necesito muchas personas para algo... Importante. Todo lo que tienes que hacer es darme la ubicación de alguien y yo te dejaré en paz. Sí quieres te puedo conceder otra petición, pero creo que tú amor por ella es mayor al momento de acceder sacó la tabla. Yo acercaba mi mano a ella, pero entre más lo hacia oía gritos, de mujeres, de hombres. Y también llantos. Cada ver aumentaban, pasaban de ser gritos a voces desgarrantes ¡el sonido era cada vez más agudo, sólo oía dolor y sufrimiento! No pasaban de gritar y la lluvia aumentaba, y las sombras se acercaban y los gritos. ¡esos gritos! Eso no era normal, pero no podía retroceder. Cuando toque la tabla todo se calmo y oscureció... ¡un rayo ilumino su cara seca y sin parpados, con una sonrisa que mostraba solamente colmillos!¡los gritos regresaron como agudos chillidos de ratas siendo mutiladas!
Sólo recuerdo el luego en un lugar vacío, sin nada, sólo la mesa y él. Sin embargo Catherine no me dijo algo muy consolador, no creo que pueda hacerlo desde el infierno. Ella me engañaba. Me engañaba con Demian. No con el que jugué, ese era sólo su cuerpo "prestado" el murió esa noche apuñalado en el corazón. Yo sólo puedo pedirte disculpas a ti por este medio. Me es muy difícil escribir esto sin que me vean vagando como lo que llaman un "demonio". Ahora sólo puedo pedirte que te cuides, que no confies en nadie, el no cumple sus tratos. Y bueno, creo que ahora te ha encontrado, te busco por mi, uso mi voz. Así es como el lo hace. Entra en tu mente. Yo no puedo hacer nada, ahora trabajo para él. Probablemente ahora este en tú casa. Escondido. Esperando a que desées algo cuando más lo quieras. No jugará a la ouija, eso ya lo uso conmigo. Sólo se que estará junto a ti en la cama cuando duermas, o sentado en tú sala. No hay forma de que se vaya, pero no te preocupes. El sólo viene cuando tienes la que fue mi voz en tu cabeza. Y si no tienes cuidado, pronto será la tuya.
No, de nada sirve pensar que te estoy mintiendo o que cierres nuestra conversación, ya ha iniciado. Tú sólo sigue escuchándome y te contaré una anécdota. Solía dar clases en una universidad (no diré cual) y estaba en mi última noche libre. Pero esa noche era especial, no a diario puedes Conseguir tanto por tan poco y mucho menos de alguien que es tan desagradable, o eso creía. Lo conocí en un bar, su nombre era (lo puedo decir, está más cerca ahora) Demian. En fin, era un tipo con traje refinado, aunque con un desgarre en el pecho. Sombrero de copa y un bastón, apropiado en aquel entonces, pero no en un bar. Yo iba aún con mi ropa de esa tarde y me veía algo sucio, por lo cual se me hizo extraño que me hablara como sí se dirijiera hacia alguien importante. Por cierto, no respires tan fuerte, te puede oír. Por favor sigue mis consejos. Me pidió un poco de atención. No debí acceder tan rápido, pero el alcohol me tenía en sus garras y espero que no sepas lo que siente alguien en duelo, pero yo lo estaba y nada me importaba. En fin, accedi casi sin darme cuenta. No era un mal hombre, simplemente quería proponerme un trato. Su voz era algo masculina y grave. Recuerdo sus palabras con certeza. Espero que puedas imaginarte lo siguiente con facilidad, te servirá más adelante:
hola, buenas noches. he oído hablar de tí, eres un hombre afortunado ¿sabes? No todos pueden tener a tantos discípulos bajo su poder. Me gustaría poder ser como tú, pero ya vez. Yo no me he casado, pero supongo que dolió demasiado. La querías mucho, de eso estoy seguro pero...
el hombre sacó de su traje una pequeña libreta y la leyó por un momento como buscando algo. Hasta entonces no me importaba el hecho de que no lo conociera, sólo quería sacar de mi cabeza esa escena llena de dolor. No podía dejar de imaginarmela, tan frágil y débil, no pensó que ese viaje en auto sería el último. También sin darme cuenta el lugar se quedaba sólo. Creo que la lluvia tenía ya un buen tiempo cayendo y hacia frío, apenas sí veía con la pequeña bombilla de esa esquina cercana a la barra. Era un lugar rústico pero acogedor.
te propongo un trato. Me parece que no te caería mal un juego, se llama la ouija, seguro has oído hablar de ella
En las últimas vacaciones de diciembre, un alumno mío uso una para "contactar" a su hermano que falleció el día de su cumpleaños. En lo personal creía que eran estupideces, pero todos cambiamos de opinión ¿no?
te dejaré hablar una última vez con ella, pero a cambio, tú tienes que darme algo... O alguien
estuve a punto de gritarle algún insulto y dejar a ese hombre, el alcohol perdía su efecto. Pero cuando me estaba levantando el dijo en tono burlón Frida tiene algo que decirte (ese era el pseudónimo de Catherine, mi esposa. Era una escritora además de profesora, de las mejores de la universidad) cuando dijo eso me detuve en seco. Ya no había nadie en el lugar y sólo se oía la lluvia, muy fuerte. Y ya no había más luz, sólo nos iluminaba parcialmente la luz de la luna. Estaba lleno de sudor, pero por algún motivo no huí. El lugar estaba cada vez más frío y con un ambiente espectral y azul. Recuerdo muchas más sombras que objetos, algunas parecían humanas. Me senté y lo seguí escuchando con dificultad; la lluvia no pasaba y era más fuerte cada minuto.
para alguien tan culto debes saber que una vez dentro no hay salida, pero puedo darte una oportunidad. Necesito muchas personas para algo... Importante. Todo lo que tienes que hacer es darme la ubicación de alguien y yo te dejaré en paz. Sí quieres te puedo conceder otra petición, pero creo que tú amor por ella es mayor al momento de acceder sacó la tabla. Yo acercaba mi mano a ella, pero entre más lo hacia oía gritos, de mujeres, de hombres. Y también llantos. Cada ver aumentaban, pasaban de ser gritos a voces desgarrantes ¡el sonido era cada vez más agudo, sólo oía dolor y sufrimiento! No pasaban de gritar y la lluvia aumentaba, y las sombras se acercaban y los gritos. ¡esos gritos! Eso no era normal, pero no podía retroceder. Cuando toque la tabla todo se calmo y oscureció... ¡un rayo ilumino su cara seca y sin parpados, con una sonrisa que mostraba solamente colmillos!¡los gritos regresaron como agudos chillidos de ratas siendo mutiladas!
Sólo recuerdo el luego en un lugar vacío, sin nada, sólo la mesa y él. Sin embargo Catherine no me dijo algo muy consolador, no creo que pueda hacerlo desde el infierno. Ella me engañaba. Me engañaba con Demian. No con el que jugué, ese era sólo su cuerpo "prestado" el murió esa noche apuñalado en el corazón. Yo sólo puedo pedirte disculpas a ti por este medio. Me es muy difícil escribir esto sin que me vean vagando como lo que llaman un "demonio". Ahora sólo puedo pedirte que te cuides, que no confies en nadie, el no cumple sus tratos. Y bueno, creo que ahora te ha encontrado, te busco por mi, uso mi voz. Así es como el lo hace. Entra en tu mente. Yo no puedo hacer nada, ahora trabajo para él. Probablemente ahora este en tú casa. Escondido. Esperando a que desées algo cuando más lo quieras. No jugará a la ouija, eso ya lo uso conmigo. Sólo se que estará junto a ti en la cama cuando duermas, o sentado en tú sala. No hay forma de que se vaya, pero no te preocupes. El sólo viene cuando tienes la que fue mi voz en tu cabeza. Y si no tienes cuidado, pronto será la tuya.
miércoles 14 de diciembre de 2011
Corazón de asesino
Las estrellas brillaban en el cielo y la luna mostraba su pálida y más reluciente cara, no habría otra noche como esta.
Las desoladas calles alumbradas por escasos faroles de luz no se dejaban ver por completo. Oscuros callejones ocultos en lugares poco visibles comunicaban algunas de estas vacías vías.
Escondido tras uno de los muros de los cientos de lúgubres callejones estaba él, aguardando tal cual feroz depredador la aparición de su tan esperada presa.
Sonidos con eco se escuchaban próximos al callejón, a lo lejos pudo distinguir la casi imperceptible figura de un hombre, tambaleándose de lado a lado, tropezando con todo a su paso. Preparó su plateado revolver y tratando de hacer el menor ruido lo cargó, se asomó nuevamente y en efecto, aquel hombre ahogado en alcohol no había escuchado nada, de hecho sería muy difícil distinguir el ruido de su arma con aquel carnaval de tropezones.
Si algo nuca dejaba de hacer aquel despreciable hombre era matar a su presa antes de devorarla, es decir, los asesinaba primero y luego los despojaba de todas y cada una de sus pertenencias, aquella noche iluminada escasamente por el cielo estrellado y algunos faroles no sería la excepción.
Con su brillante revolver en la mano derecha, esperó pacientemente la llegada de su victima, a la que sin saberlo le esperaba una muerte inminente. Los segundos corrían y su corazón latía cada vez con más fuerza, se sentía emocionado cada vez que cometía un crimen como éste, en su cara podía notarse una macabra y enfermiza sonrisa.
El ruido se hacía cada vez más fuerte, la victima se encontraba mas cerca de su verdugo y por cada paso que daba se restaba tiempo de vida. El corazón de aquel asesino se aceleró a tal manera que creyó poder escucharlo.
Tropezones y palabras sin sentido llegaron a sus oídos, el próximo nombre en su lista de muertos estaba a sólo escasos metros de ser escrito.
Cuando aquel hombre completamente ebrio pasó junto a él, su corazón ya no podía latir más fuerte, la excitación no tenía igual, hacía muchos meses que no sentía emoción alguna. Se colocó detrás y caminando sigilosamente levantó su mano derecha, con suavidad y decisión le puso el revolver en la parte posterior del cráneo y sin que aquel hombre se percatara de lo mas mínimo haló aquel gatillo. Un estruendoso sonido invadió aquella solitaria calle y un destello fugaz de luz apenas pudo verse.
El hombre cayó al suelo como un gran saco de arroz, golpeó su agujereada cabeza contra el pavimento en un ruido seco y contundente, poco a poco pudo verse la sangre extendiéndose por aquella sucia y pestilente acera, hasta que llego al borde y se mezcló con la inmunda agua de la cuneta adyacente.
Sus manos se posaron rápidamente sobre aquel hombre ya sin vida, registró cada bolsillo a su alcance, sacó su billetera y extrajo de ella cada billete y cada centavo antes de arrojarla a la carretera; su corazón latía tan fuerte como antes, aún sentía gran felicidad y emoción.
Con cierta dificultad le dio la vuelta al cadáver que tenia frente a él, revisó los bolsillos delanteros del pantalón y una vez que extrajo lo poco que encontró, por simple rutina o morbosidad subió la mirada, merecía conocer el rostro de su presa, pero a diferencia de otras veces, sus ojos mostraron una expresión de asombro. Se acercó nuevamente y aparto con sus manos la aún fresca sangre del rostro de aquel ser ya sin vida y si su corazón antes parecía escucharse esta vez lo hacía de forma mas evidente.
Con expresión escalofriante y respiración acelerada subió el revolver hasta su sien, con pulso tembloroso haló nuevamente y por ultima vez aquel gatillo.
Otro ruido similar al de hacía unos minutos volvió a escucharse en aquella solitaria calle, de forma inmediata su cuerpo cayo al suelo haciéndole compañía al de su victima, no sin antes esparcir restos de cráneo y sesos por aquella acera ya bañada en sangre, a la que se le unió otra no tan distinta, eran no sólo del mismo tipo, sino que ambas procedían de un mismo linaje.
Dicen algunos que cuando cayo al suelo aquel despiadado hombre no cesó el sonido, sino algunos segundos después, cuando finalmente su corazón dejó de latir.
Las desoladas calles alumbradas por escasos faroles de luz no se dejaban ver por completo. Oscuros callejones ocultos en lugares poco visibles comunicaban algunas de estas vacías vías.
Escondido tras uno de los muros de los cientos de lúgubres callejones estaba él, aguardando tal cual feroz depredador la aparición de su tan esperada presa.
Sonidos con eco se escuchaban próximos al callejón, a lo lejos pudo distinguir la casi imperceptible figura de un hombre, tambaleándose de lado a lado, tropezando con todo a su paso. Preparó su plateado revolver y tratando de hacer el menor ruido lo cargó, se asomó nuevamente y en efecto, aquel hombre ahogado en alcohol no había escuchado nada, de hecho sería muy difícil distinguir el ruido de su arma con aquel carnaval de tropezones.
Si algo nuca dejaba de hacer aquel despreciable hombre era matar a su presa antes de devorarla, es decir, los asesinaba primero y luego los despojaba de todas y cada una de sus pertenencias, aquella noche iluminada escasamente por el cielo estrellado y algunos faroles no sería la excepción.
Con su brillante revolver en la mano derecha, esperó pacientemente la llegada de su victima, a la que sin saberlo le esperaba una muerte inminente. Los segundos corrían y su corazón latía cada vez con más fuerza, se sentía emocionado cada vez que cometía un crimen como éste, en su cara podía notarse una macabra y enfermiza sonrisa.
El ruido se hacía cada vez más fuerte, la victima se encontraba mas cerca de su verdugo y por cada paso que daba se restaba tiempo de vida. El corazón de aquel asesino se aceleró a tal manera que creyó poder escucharlo.
Tropezones y palabras sin sentido llegaron a sus oídos, el próximo nombre en su lista de muertos estaba a sólo escasos metros de ser escrito.
Cuando aquel hombre completamente ebrio pasó junto a él, su corazón ya no podía latir más fuerte, la excitación no tenía igual, hacía muchos meses que no sentía emoción alguna. Se colocó detrás y caminando sigilosamente levantó su mano derecha, con suavidad y decisión le puso el revolver en la parte posterior del cráneo y sin que aquel hombre se percatara de lo mas mínimo haló aquel gatillo. Un estruendoso sonido invadió aquella solitaria calle y un destello fugaz de luz apenas pudo verse.
El hombre cayó al suelo como un gran saco de arroz, golpeó su agujereada cabeza contra el pavimento en un ruido seco y contundente, poco a poco pudo verse la sangre extendiéndose por aquella sucia y pestilente acera, hasta que llego al borde y se mezcló con la inmunda agua de la cuneta adyacente.
Sus manos se posaron rápidamente sobre aquel hombre ya sin vida, registró cada bolsillo a su alcance, sacó su billetera y extrajo de ella cada billete y cada centavo antes de arrojarla a la carretera; su corazón latía tan fuerte como antes, aún sentía gran felicidad y emoción.
Con cierta dificultad le dio la vuelta al cadáver que tenia frente a él, revisó los bolsillos delanteros del pantalón y una vez que extrajo lo poco que encontró, por simple rutina o morbosidad subió la mirada, merecía conocer el rostro de su presa, pero a diferencia de otras veces, sus ojos mostraron una expresión de asombro. Se acercó nuevamente y aparto con sus manos la aún fresca sangre del rostro de aquel ser ya sin vida y si su corazón antes parecía escucharse esta vez lo hacía de forma mas evidente.
Con expresión escalofriante y respiración acelerada subió el revolver hasta su sien, con pulso tembloroso haló nuevamente y por ultima vez aquel gatillo.
Otro ruido similar al de hacía unos minutos volvió a escucharse en aquella solitaria calle, de forma inmediata su cuerpo cayo al suelo haciéndole compañía al de su victima, no sin antes esparcir restos de cráneo y sesos por aquella acera ya bañada en sangre, a la que se le unió otra no tan distinta, eran no sólo del mismo tipo, sino que ambas procedían de un mismo linaje.
Dicen algunos que cuando cayo al suelo aquel despiadado hombre no cesó el sonido, sino algunos segundos después, cuando finalmente su corazón dejó de latir.
domingo 4 de diciembre de 2011
El fantasma del difunto
Luis Enrique, hombre trabajador y luchador, este año no la tenia toda a su favor desempleado y con tres hijo y su mujer para mantener, no le había quedado otra alternativa que emplearse en un servicio funerario como chofer de una de las carrozas fúnebre, trabajo que no le agradaba mucho pero como el mismo decía la “Necesidad tiene cara de perro”. Así que nuestro amigo laboraba en este trabajo de 2: PM a 10: PM en el turno segundo y fue cuando culminando sus labores por ese día el supervisor le dice: - Mire Señor Luis, tengo que hablar con usted. Luis Enrique mira a la persona que le hablaba, este era un individuo de aspecto bonachón, como de unos 50 años aproximadamente. - Qué se le ofrece, señor Manuel? Contesta Luis Enrique con un poco de recelo en sus pensamientos quizás estaría pensando me despidieron. - Sucede que tenemos un difunto que tenemos que entregar en Turmero y el Señor Carlos no puede venir a trabajar hoy porque esta mal del estómago y… - ¿Y qué? - pregunta Luis Enrique con un poco de ansiedad. - Bueno, yo pienso que usted es la persona indicada para realizar este trabajo. - ¿Yoooo? - pregunta Luis Enrique. - Sí usted. - Pero eso esta, más o menos a cuatro horas de camino, yo estaría llegando a Turmero como a las dos de la mañana y para regresar ¿A qué hora? - Se alarmó nuestro amigo. - No te preocupes, en el regreso te puedes quedar en un hotel y te regresas cuando te sientas en condiciones. - Caramba Señor Manuel, yo no conozco Turmero y no sé la zona donde voy - replicó Luis Enrique. - Aquí tengo todo los datos que necesitas. Luis, mira necesito que me ayudes con este trabajo, ya que nos comprometimos a entregarlo hoy, contando con el señor Carlos pero ya tu vez así que cuento contigo. - Está bien, ni modo- replicó nuestro amigo y en pocos minutos estaba en marcha con su tétrica carga Ya había pasado una hora de camino y pasado el peaje de tazón tomando la autopista regional del centro que lo conduciría al estado Aragua, cuando baja por el sector los ocumitos nuestro amigo mira algo que se mueve en la orilla de la autopista y piensa. - ¿Qué es esto? ¿Será que alguien está pidiendo que lo lleve? ¿Y si es un atracador? Bueno, no creo que alguien quiera atracar a una carroza fúnebre, me voy a detener y si quiere el aventón…, pues con mucho gusto lo llevo. Nuestro amigo detiene el coche frente donde estaba la persona que le movía las manos. - ¿Qué le sucede, amigo? - pregunta Luis enrique. - ¿Me puede usted llevar? - contesta el hombre que estaba haciendo señas. - Bueno, si no le importa viajar en carro fúnebre. - No me importa. - contesta el extraño personaje. - Bueno, si es así pues suba usted - replica Luis Enrique con una expresión de alivio en su rostro. El extraño personaje aborda el coche sentándose al lado de Luis Enrique. - Caramba! sentí frió al abrir la puerta del coche - dice Luis Enrique. - ¿Para dónde se dirige usted? - pregunta nuestro amigo. - Bueno, yo me dirijo a Turmero- contesta el extraño. - No lo puedo creer -dice Luis Enrique. - ¿Por qué, acaso tengo cara de mentiroso? - replica el extraño. - No, no es eso, lo que sucede es que yo tengo que llevar a este difunto a Turmero y yo no conozco la zona y mira que encontrar a estas horas de la noche alguien que vaya a Turmero aquí en caracas… es como un milagro. - Bueno, se han vistos muchos casos - responde el extraño. - ¿Conoce usted a Turmero? - pregunta Luis Enrique. - Sí, nací en ese lugar - contesta el extraño. - Qué bueno, entonces usted conoce este sitio donde yo voy, mire la dirección - Luis Enrique saca una carpeta y enciende la luz del interior del coche y se la muestra a su acompañante, que casi sin mirar le responde: - Sí sé dónde es la dirección. - Genial - replica Luis Enrique. Y así recorren varios kilómetros casi sin mediar palabra, ya que las respuestas del extraño acompañante de nuestro amigo no exceden de Sí o No. Pasando cerca de una venta nocturna de café y comida Luis Enrique detiene el coche y le habla a su acompañante. - Podemos bajarnos a tomar algo en este sitio, un café u otra cosa? - No quiero nada - respondió el acompañante. - Bueno, está bien, cuídame al pasajero de atrás - bromea Luis Enrique, que el extraño ni se inmutó, a los diez minutos regresa nuestro amigo y pregunta: - Alguna novedad? Sabes… no me has dicho tu nombre. - No me lo preguntaste - contesta el extraño. - Bueno, yo me llamo Luis Enrique - dice nuestro amigo y extiende su mano, cosa que el extraño no le corresponde el saludo, pero sí habla. - Yo me llamo Pedro Caballero. - Entonces si tú eres de Turmero posiblemente conoces al difunto – replicó Luis Enrique. - Claro que lo conozco - contesto tajante el extraño hora Pedro caballero. - Sabes que eres un poco extraño - replica Luis Enrique. - ¿Por qué? - pregunta el acompañante. - Bueno, casi no hablas, no te ríes por nada, no comes, no bebes café. - ¿Tienes familia? – preguntó Luis Enrique. - Mira, ya estamos llegando, dobla a la izquierda y rueda cuatro cuadras y la casa es la número 27, ahí te están esperando – habló el extraño tajante y sin vacilar un instante, cosa que sorprendió a nuestro amigo. - Caramba, casi me dejaste loco, como sabes el número de la casa, la dirección si ni siquiera viste la carpeta, cuando te la mostré - habló Luis Enrique y de verdad estaba impactado. - Bueno, no tengo tiempo de responderte eso en estos momentos, así que déjame en esta calle y sigue tu camino y que Dios te acompañe - respondió el extraño, que ahora era más extraño todavía. - Oye, pero por aquí no hay nada, ni casas. Si quieres después de entregar al difunto te llevo a tu casa. - No puedo quedarme más tiempo, me bajo aquí - dijo y actuó el extraño. - Caramba, vale déjame parar el coche por lo menos - dijo Luis Enrique, que cuando no había terminado de estacionar, el extraño ya se había bajado y emprendido la marcha hacia el lado contrario de la calle. Luis Enrique trata de seguirlo con la vista pero el extraño se perdió en lo negro de la noche. - Vaya! Sí que tiene prisa – habló para sí mismo nuestro amigo, y poniendo nuevamente el auto en marcha, se dispuso a seguir la indicación que minutos ante el extraño le había indicado, y en efecto, en pocos segundos estaba frente a la caso donde esperaban al difunto las personas que estaban al frente de la casa al mirar la carroza corrieron al encuentro de la misma y enseguida se escucharon algunos llantos y lamento era claro que el difunto era muy querido en la casa y en la zona a juzgar por el numero de personas que acudió a el encuentro del difunto. Enseguida una mujer aborda a Luis Enrique y este se apresura a saludarle con estas palabras. - Buenas noches señora… mi sentido pésame. - Gracias - contesta la mujer como de unos treinta y cinco años de edad y nuestro amigo sin mediar palabra, camina hacia la parte posterior de la carroza tira la manilla de la compuerta, la cual se abre dejando entre ver la caja marrón que portaba el cuerpo del difunto y de inmediato varias personas se acercaron ayudando a Luis enrique a sacar el féretro trasladándole a un lugar predestinado ya para lo que seria el velorio del difunto acto seguido, el féretro fue puesto sobre uno pedestales y la mujer que antes salió a recibir a nuestro amigo abrió la compuerta que deja ver el rostro del ser querido al instante se escucharon los llantos y el desfilé de personas no se hizo esperar Luis Enrique ansioso, por dar por terminado el trabajo, pregunta: - ¿Quién me puede firmar el papel de recibido? - Yo - contestó la mujer que antes había recibido a nuestro amigo, y sin titubeo agarró los papeles que le entregó Luis Enrique. Éste, al recibir los documento firmados, da media vuelta y trata de salir de la casa, pero se frena como parado por una pared, y pensando en voz alta, dice: - Caramba, yo he viajado con este difunto por cuatro horas y ¿no le voy a ver la cara? – Luis Enrique se regresa sobre sus pasos y se acerca hacia el féretro y sin vacilar, se asoma a la ventanilla y el grito de pavor que salió de la garganta de Luis Enrique se escuchó por toda la zona. - Noooooooo, no puede ser posible. Luis Enrique sale despavorido del lugar llevándose todo lo que encuentra a su paso, la gente trata de detenerlo y calmarlo para saber que le ocurrió. - ¿Qué pasa Señor? - pregunta la señora que antes había firmado los papeles. - Es que este señor yo lo monté en los ocumitos, fue el que me indicó la dirección exacta hasta aquí, me dijo que se llamaba Pedro Caballero, se bajó del carro media cuadra antes ¿cómo puede ser el mismo? - ¿Quiere decir que viajó con un fantasma? *NOTA: La vida siempre te dará sorpresas, y por eso debemos estar preparados.
martes 29 de noviembre de 2011
El alma y la sombra
El hombre camina sin rumbo bajo una llovizna pertinaz y totalmente ajeno al universo que lo rodea. La oscuridad es total, solo de vez en cuando algún relámpago ilumina los charcos y marca el contorno de los árboles que se mecen al ritmo quejoso del viento. Entonces la noche parece llenarse de espectros y quien sabe de que ocultos fantasmas. A lo lejos titila una estrellita de luz, luego otra, después otra más y de a poco se van uniendo entre sí como un rosario luminoso en la oscuridad infinita de la noche. Es una ciudad que se asoma lentamente, expectante, con curiosidad. La lluvia cae de forma displicente, vacía, sin ganas. La línea de luces se estira cada vez más anunciando la cercanía del pueblo que parece envuelto en un poncho de nubes cada vez más negras.
Camina como un autómata, se siente desconcertado, no percibe nada de su cuerpo, ni frío ni calor, ni siquiera siente el viento ni el piso barroso bajo sus pies, es como si levitara hacia ningún lado. Cuando llegó al primer foco de luz recién pudo ver su propio cuerpo. Al hacerlo se estremece, está descalzo, lleva puesta una túnica blanca y larga hecha jirones y totalmente embarrada. Es inútil, cuanto más se observa menos se reconoce.
- ¡¡Por Dios!! - murmuró, -¿quien soy?, ¿donde estoy? tal vez perdí la memoria o sufrí un accidente...
Cuando llegó a un centro poblado de luces vio acercarse a dos mujeres con paraguas que conversaban animosamente. Se acercó a ellas y les preguntó que lugar era éste pero no le contestaron, ni siquiera lo miraron prosiguiendo su camino. Pensó que tal vez se habían asustado por su presencia sucia y harapienta. Intentó hacer lo mismo con un señor que venía de frente pero también lo ignoró. Desorientado se acercó a un escaparate de exhibición de ropas e intentó mirarse en un espejo que había entre dos maniquíes desnudos, pero... ¡no se reflejaba!, aunque sí lo hacía todo el entorno de la calle... ¡pero él no!
Se detuvo un instante tratando de comprender su situación pero le pesaba la cabeza y no podía clarificar sus pensamientos. Aterrado comenzó a... ¿correr?, ¿volar?, ¿levitar? ...nunca supo cuan lejos ni cuanto tiempo lo hizo, aunque no sentía cansancio. Finalmente se detuvo en una plaza, se sentó en un banco solitario debajo de un farol, debía tranquilizarse, tenía que pensar, razonar sobre lo que le estaba sucediendo o se volvería loco, ¡si es que ya no lo estaba! Entonces se llenó de preguntas sin respuestas: quien soy, de donde vengo, soy un espíritu o tal vez como dicen algunos espiritistas, un alma que dejó su cuerpo terrenal pero que aún no se enteró y vaga resistiéndose a morir definitivamente.
Mientras piensa, baja la vista y mira sus harapos y alrededor de su cuerpo. Recién entonces se da cuenta de que no da sombra, el banco y los otros objetos de alrededor sí, ¡pero él no! Se acercó más a la luz y comenzó a girar y mover los brazos como aspas, pero nada, ni una sola sombra, parece que la luz del farol lo traspasa ignorando su cuerpo empapado. Estuvo un tiempo perplejo con la mente en blanco, tal vez para escapar de su situación. Lo vuelve a la realidad la lluvia que arrecia nuevamente.
Por el brillo espejado de la calle desierta ve aproximarse a gran velocidad una mancha negra, aunque no alcanza todavía a definir su forma. De pronto se detiene y recién parece reparar en él. Lo estudia un momento como tratando de reconocerlo, luego comienza a acercarse, por un momento el terror lo paraliza al comprender que es su propia sombra que lo está buscando, entonces solo atina a escapar pero es demasiado tarde, la mancha se le tira encima, lo envuelve como un manto negro y ruedan en un abrazo interminable entre cuerpo y alma, materia y espíritu, luces y sombras.....
Al otro día, el único diario del pueblo, destaca en primera página la noticia que....“anoche, tirado en la plaza encontraron el cuerpo de un PAI umbanda que murió y fue enterrado hace ya mas de dos meses en el cementerio local. La policía encontró su tumba abierta y lo que mas llamó la atención de lo investigadores es que el cadáver a pesar del tiempo que estuvo enterrado aún no estaba en estado de descomposición...”
Camina como un autómata, se siente desconcertado, no percibe nada de su cuerpo, ni frío ni calor, ni siquiera siente el viento ni el piso barroso bajo sus pies, es como si levitara hacia ningún lado. Cuando llegó al primer foco de luz recién pudo ver su propio cuerpo. Al hacerlo se estremece, está descalzo, lleva puesta una túnica blanca y larga hecha jirones y totalmente embarrada. Es inútil, cuanto más se observa menos se reconoce.
- ¡¡Por Dios!! - murmuró, -¿quien soy?, ¿donde estoy? tal vez perdí la memoria o sufrí un accidente...
Cuando llegó a un centro poblado de luces vio acercarse a dos mujeres con paraguas que conversaban animosamente. Se acercó a ellas y les preguntó que lugar era éste pero no le contestaron, ni siquiera lo miraron prosiguiendo su camino. Pensó que tal vez se habían asustado por su presencia sucia y harapienta. Intentó hacer lo mismo con un señor que venía de frente pero también lo ignoró. Desorientado se acercó a un escaparate de exhibición de ropas e intentó mirarse en un espejo que había entre dos maniquíes desnudos, pero... ¡no se reflejaba!, aunque sí lo hacía todo el entorno de la calle... ¡pero él no!
Se detuvo un instante tratando de comprender su situación pero le pesaba la cabeza y no podía clarificar sus pensamientos. Aterrado comenzó a... ¿correr?, ¿volar?, ¿levitar? ...nunca supo cuan lejos ni cuanto tiempo lo hizo, aunque no sentía cansancio. Finalmente se detuvo en una plaza, se sentó en un banco solitario debajo de un farol, debía tranquilizarse, tenía que pensar, razonar sobre lo que le estaba sucediendo o se volvería loco, ¡si es que ya no lo estaba! Entonces se llenó de preguntas sin respuestas: quien soy, de donde vengo, soy un espíritu o tal vez como dicen algunos espiritistas, un alma que dejó su cuerpo terrenal pero que aún no se enteró y vaga resistiéndose a morir definitivamente.
Mientras piensa, baja la vista y mira sus harapos y alrededor de su cuerpo. Recién entonces se da cuenta de que no da sombra, el banco y los otros objetos de alrededor sí, ¡pero él no! Se acercó más a la luz y comenzó a girar y mover los brazos como aspas, pero nada, ni una sola sombra, parece que la luz del farol lo traspasa ignorando su cuerpo empapado. Estuvo un tiempo perplejo con la mente en blanco, tal vez para escapar de su situación. Lo vuelve a la realidad la lluvia que arrecia nuevamente.
Por el brillo espejado de la calle desierta ve aproximarse a gran velocidad una mancha negra, aunque no alcanza todavía a definir su forma. De pronto se detiene y recién parece reparar en él. Lo estudia un momento como tratando de reconocerlo, luego comienza a acercarse, por un momento el terror lo paraliza al comprender que es su propia sombra que lo está buscando, entonces solo atina a escapar pero es demasiado tarde, la mancha se le tira encima, lo envuelve como un manto negro y ruedan en un abrazo interminable entre cuerpo y alma, materia y espíritu, luces y sombras.....
Al otro día, el único diario del pueblo, destaca en primera página la noticia que....“anoche, tirado en la plaza encontraron el cuerpo de un PAI umbanda que murió y fue enterrado hace ya mas de dos meses en el cementerio local. La policía encontró su tumba abierta y lo que mas llamó la atención de lo investigadores es que el cadáver a pesar del tiempo que estuvo enterrado aún no estaba en estado de descomposición...”
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